lunes, 5 de noviembre de 2007

Opinión | Aznar, al Tec de Monterrey


Aznar, al Tec de Monterrey


Héctor Alejandro Quintanar

“La deshonra de Aznar es una realidad demostrada por sus propios actos”, escribió el sociólogo chileno Marcos Roitman en el primer aniversario del atentado del 11 de marzo de 2004 en Madrid.

De triste memoria es el hecho de que, tras la muerte y dolor de las víctimas y familiares, José María Aznar –presidente del gobierno español de 1996 a 2004- alzó la voz en contra de ETA para, en una maniobra sucia y sin escrúpulos, pretendiera obtener rédito político ante la tragedia.

Empero, Aznar porta una valija donde guarda sus más lamentables torpezas, y la arriba descrita es sólo una de tantas. Ni siquiera la más deleznable.

Protector acérrimo de idearios fascistoides, pretendió imponer visiones medievales en el lapso que gobernó España. No menos podía esperarse de un tipo cuyos avales intelectuales estriban en hórridos personajes como Francisco Franco o Augusto Pinochet.

Una vergüenza para las Relaciones Internacionales del mundo resultó el apoyo cínico y cobarde que dio este señor al breve tirano Pedro Carmona, cuando, con el patrocinio norteamericano, el presidente venezolano Hugo Chávez fue víctima de un golpe de Estado en 2002. Pesada carga significa este hecho en la enorme valija de la ignominia aznarista.

Gran reflejo e indicio inconmensurable de su ignorancia supina, su estrechez de miras, su criminal codicia, su repulsiva sumisión y, lo más grave, su sanguinaria vocación, es el terrible papel que Aznar desempeñó en 2003 cuando decidió fungir de perro faldero de Bush y apoyó la invasión de éste al pueblo de Irak.

La carnicería que el presidente de Estados Unidos desató abrió profundas e insanables heridas en la historia moderna y en la humanidad en conjunto. Aznar no es más que un triste guiñapo de Bush y un cómplice indudable del baño de sangre en tierras asiáticas. Llamar al ex habitante de La Moncloa “asesino” o “genocida” no es, por lo tanto, una exageración o un insulto. Al contrario: son adjetivos que lo describen de cuerpo entero.

Una vez terminado su mandato, Aznar no quedó conforme al mirar su currículum de actos atrabiliarios y decidió ampliar su perverso acervo. En 2006 violó flagrantemente el artículo 33 de la Constitución Mexicana al venir a instar a que la ciudadanía votase por Felipe Calderón, quien no es más que un émulo ridículo de los tiranuelos derechistas de la historia latinoamericana, y su partido –el PAN- una sucursal –al igual que el Partido Popular de España- del Franquismo.

Y al poco tiempo, ya en 2007, Aznar emprendió su cruzada discursiva para defender a “Occidente” de lo que este individuo entiende por “enemigos”: movimientos indigenistas, antiimperialistas y antineoliberales. Dicho de otro modo: las voces divergentes, que protestan por la injusticia, para Aznar no son más que los malos de la película. Y, desde luego, no podría pasearse por el mundo sin portar el pendón del antipopulismo, que blande sin recato ante la aparición de gobiernos con propuestas alternativas, como el de Chávez en Venezuela o Evo Morales en Bolivia.

Si Aznar se piensa a sí mismo como un colonizador peninsular, cuya misión es preservar el yugo sobre América, alguien debería decirle que llegó unos cuantos siglos tarde a la cita con la historia.

Ahora nos toca a nosotros recibir lecciones de “libertad” y “paz” por parte de este sujeto. En lugar de estar preso por las iniquidades que ha cometido y las tropelías que ha pergeñado; este hombre se enrola hoy en el Tec de Monterrey.

Podrían mentes ingenuas pensar que si se matricula en una institución de educación superior será para estudiar e instruirse –que buena falta le hace-. Pero, ¿qué hacer al enterarnos de que Aznar será profesor de dicha universidad?

Dicho en descargo del Tec, cabe decir que no es la primera escuela privada que hace el ridículo al honrar tiranos: ya la Universidad Autónoma de Guadalajara (la de los Tecos), otorgó doctorados Honoris Causa nada menos que a los sanguinarios Alfredo Stroessner y Anastasio Somoza. Poco faltó para que brindaran vicerrectorado póstumo a Hitler y profesorado emérito a Mussolini.

Y en lo que toca al gobierno, para refrescar nuestras mentes, no debe olvidarse el bochornoso pasaje en el que Ernesto Zedillo –vía Rosario Green- le dio una medalla de visitante distinguido al asesino boliviano Hugo Bánzer en 1999.

No cabe duda: el sufrimiento humano es algo que a los neoliberales jamás les ha quitado el sueño. En un afán de emitir augurios, podrían vincularse dos hechos: primero en España se funda una oficina de Partido Acción Nacional y al poco tiempo emerge la Alzada Nacional, cuya búsqueda es la reivindicación de Francisco Franco. Ahora a México llega a vivir Aznar mientras se gesta en las entrañas de nuestra política la creación de un partido de corte sinarquista. Y la misión de este organismo no sería otra que legitimar a Calderón, al pretender ubicar a éste y su partido como hombres “de centro” y alejados de posturas extremistas.

Dudas nos asaltan por doquier, pero de entre ellas sobresale una certeza: la ultraderecha –que entrañan Aznar, Calderón, Espino, las falanges, el sinarquismo y buena parte del PAN- se siente a sus anchas durante el actual gobierno panista.

Por lo anterior, al Tec de Monterrey cabría hacerle una recomendación. Aznar es un huracán: donde se para hace daño. Si de verdad lo van a recibir en sus aulas, que sea para educarlo, no para que enerve a mentes juveniles con sus ideales oscurantistas y sus esmeros represivos.

Escríbeme a: hector7185@hotmail.com

*El autor es estudiante del noveno semestre de Comunicación Política.

1 comentario:

Roberto Lozano Albor dijo...

Mi queridísimo camarada Héctor, me encanta que siempre pongas en el aire los temas dificiles.

Buen trabajo. Seguiré leyendote puntualmente.

Saludos.

Coronel Itzcoatl Xocoyotzin