
Entre gritos, grilla y mella, nace el "puma mayor"
Miguel Ángel López Flores
LA DESIGNACIÓN de un nuevo Rector para la Universidad Nacional Autónoma de México para el periodo 2007-2011 ha despertado, como siempre, gran revuelo en distintos estratos de la sociedad mexicana.
LA DESIGNACIÓN de un nuevo Rector para la Universidad Nacional Autónoma de México para el periodo 2007-2011 ha despertado, como siempre, gran revuelo en distintos estratos de la sociedad mexicana.
Per se es —y siempre debe ser— un tema que causa agitación por las diversas implicaciones que tiene la UNAM para la vida del país, tanto cultural, política y socialmente, discutirlas y mencionarlas estaría de más. Sin embargo, y a pesar de ser una situación con la importancia ya mencionada, la designación del llamado “puma mayor” ha caído en la misma bandeja que todos los temas políticos mexicanos. Todo esto, basándome en la forma en la que se hace presente dentro de la opinión pública, a partir de los diversos medios de comunicación y los protagonistas de esta disputa, tanto universitarios como sociedad en general.
Desde el domingo 07 de octubre de 2007, los universitarios comenzaron dicho proceso de “manera formal”, como dirían Emir Olivares y Rosa Elvira Vargas en su nota de La Jornada del pasado 08 de octubre, en la cual “La Junta de Gobierno (JG) de la casa de estudios hizo pública la convocatoria en la que exhorta a más de 300 mil alumnos, 35 mil académicos e investigadores, 25 mil trabajadores administrativos y a personas externas pero con ligas en la institución a manifestar con ‘libertad y responsabilidad’ sus preferencias y propuestas” (La Jornada, 08 de octubre de 2007). Sí, se dio inició a algo que ya se venía trabajando desde hace meses, como diría Nurit Martínez: “será este lunes [ese mismo día] cuando se formalicen también las aspiraciones de candidatos que han sido señalados por la comunidad desde hace más de dos meses” (El Universal, 08 de octubre de 2007), por parte de los “candidatos”; sí, una palabra que, en los hechos, no aplica para el proceso del cual se está hablando y que al leerlo denota algo que inmediatamente remite a otras esferas.
Ejemplo de ello, lo que a continuación se escribe. El miércoles siguiente (10 de octubre), una señora de clase media, informada por los periódicos y por los espacios noticiosos dentro de la televisión, en una plática casual preguntó: “¿oigan… y ustedes (refiriéndose a dos estudiantes universitarios presentes) por quién van a votar en eso del rector? ¿por cuál candidato?”, inmediatamente los estudiantes aclararon que no se trataba de una elección como sucede con el presidente, por ejemplo. La percepción, a la par de su falta de información al respecto, crearon en esta señora otra realidad, una muy semejante a lo que comúnmente pasa en la política nacional.
Desde el domingo 07 de octubre de 2007, los universitarios comenzaron dicho proceso de “manera formal”, como dirían Emir Olivares y Rosa Elvira Vargas en su nota de La Jornada del pasado 08 de octubre, en la cual “La Junta de Gobierno (JG) de la casa de estudios hizo pública la convocatoria en la que exhorta a más de 300 mil alumnos, 35 mil académicos e investigadores, 25 mil trabajadores administrativos y a personas externas pero con ligas en la institución a manifestar con ‘libertad y responsabilidad’ sus preferencias y propuestas” (La Jornada, 08 de octubre de 2007). Sí, se dio inició a algo que ya se venía trabajando desde hace meses, como diría Nurit Martínez: “será este lunes [ese mismo día] cuando se formalicen también las aspiraciones de candidatos que han sido señalados por la comunidad desde hace más de dos meses” (El Universal, 08 de octubre de 2007), por parte de los “candidatos”; sí, una palabra que, en los hechos, no aplica para el proceso del cual se está hablando y que al leerlo denota algo que inmediatamente remite a otras esferas.
Ejemplo de ello, lo que a continuación se escribe. El miércoles siguiente (10 de octubre), una señora de clase media, informada por los periódicos y por los espacios noticiosos dentro de la televisión, en una plática casual preguntó: “¿oigan… y ustedes (refiriéndose a dos estudiantes universitarios presentes) por quién van a votar en eso del rector? ¿por cuál candidato?”, inmediatamente los estudiantes aclararon que no se trataba de una elección como sucede con el presidente, por ejemplo. La percepción, a la par de su falta de información al respecto, crearon en esta señora otra realidad, una muy semejante a lo que comúnmente pasa en la política nacional.
Continuando, también las sectorizaciones se han hecho presentes. A diversos aspirantes a la rectoría se les han atribuido un apego indiscutible a las esferas políticas; esto sin negar que la UNAM ha permanecido sumergido en la misma dinámica que el Sistema político mexicano ha tenido desde 1945 cuando se emitió su Ley orgánica, la cual aún está vigente, por lo que sus decisiones obedecen al conflicto y a la negociación dentro de este ramo social, convirtiendo al proceso en una verdadera lucha más por el poder, con todo y sus colores partidarios, mesías, traidores, oportunistas y faltos de legitimidad. En un espectáculo más con la misma dinámica que los reality shows electorales federales de 2000 o 2006.
La sucesión en la UNAM, se dividió en dos grandes frentes: uno, desarrollada en los periódicos y en la radio y, dos en la televisión.
La primera, con informaciones a diario sobre lo acontecido en Ciudad Universitaria día a día; se informó desde los mítines y “acciones de propaganda” hasta los destapes de candidatos de izquierda (luego, como en el caso del Excélsior del sábado 27 de octubre de 2007 como de ultra izquierda. Un mote más dentro de la contienda, de esos que provocan temor y desconfianza en los lectores), llegadas tarde de aspirantes que trabajan en el mismo campus y, supuestos debates a los cuales “sólo llegó uno para exponer sus argumentos ante la comunidad universitaria” (como era esgrimido por personas simpatizantes de un aspirante durante noviembre de 2007 en carteles, murales y papelería diversa). En fin, los periódicos manejaban la noticia como lo curioso, lo que llama la atención, lo vendible y lo más apegado a sus dinámicas informativas cotidianas. Mientras, la radio respondía a esa misma dinámica al alimentarse de esa primera fuente.
Por supuesto que se admite que no toda la información era escrita o dicha buscando vender. Sin embargo, como ya se pudo leer arriba, la más mínima información con tendencia o usando juicios de valor puede cambiar la percepción y, por consiguiente, el actuar de las personas que buscan informarse; y, lo que es pero, que un trascendido (como es el caso de las secciones “Trascendió” de Milenio Diario, “Fray Bartolomé” en El Reforma o “Frentes Políticos” de El Universal) se convierta en rumor, ese rumor en chisme y ese chisme en verdad. Es por ello, que reducir el discurso de información a un nivel con tendencias de espectáculo puede hacer daño a la opinión pública.
Por su parte, la televisión jugó su papel. Juan Ramón de la Fuente terminó su rectorado como lo empezó: frente a las cámaras televisivas, gracias a que en la última parte de su administración —casualmente— trabajó en situaciones que merecieron un espacio en los nada benévolos espacios televisivos (sin rechazar el hecho de que los demás medios también lo hicieron). Ya sea para la asignación del primer cuadro de Ciudad Universitaria como patrimonio cultural de la humanidad, como para la inauguración de las nuevas instalaciones de la UNAM en Tlatelolco o para salir lanzando “goyas” en la goliza que el Club Universidad Nacional (los Pumas) le propinó al Club Deportivo Veracruz el pasado domingo 04 de noviembre. En eventos emotivos, con significados encontrados y demás situaciones que sólo la televisión puede trasmitir y hacer verdad.
En otras palabras, la televisión le dio el espacio a Juan Ramón de la Fuente para salir bien calificado de su estancia en la Torre de Rectoría y ser un personaje dentro de la política mexicana con grandes posibilidades de colocación dentro del sistema político, gracias a que fue convertido en una estrella más por la forma en la que se manejó su imagen e información durante ocho años. Sin mencionar que, gracias a la estructura de la UNAM, este personaje tendrá siempre un espacio privilegiado, de confianza o de referencia dentro de la institución a ser “ex rector”.
Además, al concluir el proceso de designación a rector también, al igual que en las demás esferas de poder mexicanas, quedaran estigmas que marcarán el futuro de todos aquellos que participaron. Los de ultraderecha, los yunquistas, los vendidos, los perdedores, los que hablaron o no con el presidente (o con el espurio, como se le quiera decir) etcétera. Rumores convertidos en verdades. Verdades que, combinadas con la pasión e ideología de las personas, harán de la UNAM un espacio más en que los medios de comunicación, hechos empresas privadas, se aprovechen para vender más y más sin importar que la información ahí escrita, publicada, narrada o mostrada tenga el mismo nivel discursivo o de contenido que las revistas de chismes o las pasarelas de moda.
Escríbeme a: frmiguelangellopezosa@hotmail.com
*El autor es estudiante de noveno semestre en la Licenciatura de Ciencias de la Comunicación.
-Redacción de la tesis: “La espectacularidad de la información política. Los periódicos convertidos en arenas políticas”.
-Profesor adjunto en las materias: Planeación Estratégica de la Comunicación, Teoría del Conflicto y la Negociación y en Comunicación Política.
*El autor es estudiante de noveno semestre en la Licenciatura de Ciencias de la Comunicación.
-Redacción de la tesis: “La espectacularidad de la información política. Los periódicos convertidos en arenas políticas”.
-Profesor adjunto en las materias: Planeación Estratégica de la Comunicación, Teoría del Conflicto y la Negociación y en Comunicación Política.

1 comentario:
Es mucho comentario, hasta me dormí
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