viernes, 28 de diciembre de 2007

Artículo | El nuevo Cofipe

¿A dónde irá a parar el espectáculo de la política con las reformas al COFIPE?
Daniel Corona
LA POLÍTICA en nuestro país es un espectáculo para la sociedad. Los acontecimientos políticos diarios los observamos como una escenificación teatral. Nos corresponde ser espectadores de los diferentes escenarios de la vida política nacional, donde los actores políticos representan a quienes votamos por ellos.

Con la reforma al Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE), queda prácticamente clausurado el recinto donde se presentaban tales escenificaciones: los medios de comunicación colectiva.

También limitan al tipo de escenas que veremos en campañas electorales. Ya no presenciaremos las luchas entre el bien y el mal, no seremos testigos de la propaganda negra y los enemigos políticos no existirán. Todos serán unos buenos muchachos presentando buenas propuestas para mejorar para bien a un país bueno; no podrán atacar a sus adversarios. Lo que veremos, en lugar de propaganda negra, será, llamémosle así, propaganda rosa.

La figura de los políticos está muy devaluada en la cultura política mexicana (dicho término también sería muy despreciado de no ser por la palabra cultura). La sociedad es incrédula ante la política.

Debido a lo anterior existe pasividad en la gente y un alto índice de abstencionismo en las elecciones. Es por ello que la propaganda negra tiene y ha tenido tanto éxito en nuestro país. Los electores deciden, votar contra un enemigo, más que en favor de propuestas. En las más recientes elecciones presidenciales en nuestro país, han ganado quienes enlodazan más la figura de su opositor. Los actores políticos necesitan de un adversario o enemigo.

Felipe Calderón lo hizo contra el peligro para México que representaba el demonio, el falso mesías, el soberbio y arbitrario (ay, nanita) Andrés Manuel López Obrador. Vicente Fox era el candidato que todo México esperaba para dejar fuera YA, de una vez por todas, al asqueroso, corrupto y sanguinario PRInosaurio. Hasta Ernesto Zedillo tuvo a su enemigo: el sub Marcos, quien amenazaba con venir a la ciudad con sus rifles de madera a hacer la guerra.

Lo que podríamos ver en las próximas elecciones presidenciales de 2012 son campañas negras no contra un candidato, sino contra un enemigo común. Campañas agresivas contra problemas nacionales que, seguramente para tal año, seguirán siendo la inseguridad, la falta de empleo y la ineficiencia en los sectores salud, educación, y energía, entre otros.

Sin embargo, esta propaganda también tendría menos efecto que la llamada propaganda negra. Simple y sencillamente la gente ya no cree en las promesas. Promesas, puras promesas, es lo que la sociedad expresa al escuchar una y otra vez los discursos, los libretos aprendidos de los candidatos.

Entonces, ¿cuál es la mejor estrategia para los próximos políticos que se quieran lanzar a la grande? Los candidatos necesitarán manejarse en dos niveles muy distintos.

El primero de ellos es el de los medios de comunicación colectiva, con el tiempo que les toque según la nueva legislación. En esa propaganda darán sus propuestas para mejorar al país y enaltecerán la imagen propia, es decir, será propaganda rosa.

En el segundo y mucho más importante, es el de las cadenas humanas y medios alternativos de comunicación. En este nivel, el equipo de comunicación de los candidatos se enfocarán en descalificar al resto de los candidatos. Esto, por supuesto, ocultando fuentes. En pocas palabras, el segundo nivel será el uso adecuado, por ser un arma de dos filos, el rumor.

Por supuesto no dejo de lado otras herramientas de la propaganda política como el mitin, los carteles, correos electrónico o tradicional, e incluso por teléfono o casa por casa. Sin embargo, el rumor cumple con las características de llevar información “negativa” y de tener un origen incierto y poco comprobable.

Con el rumor, la escenificación de la política se “baja del escenario” para adentrarse directamente en y con el público. Esto puede activar políticamente a la gente en mayor medida y, por otro lado, puede hacer que pierdan el interés quienes no estén involucrados en el rumor.

Por lo tanto, estos rumores deben provocar la suficiente expectación, que obligue a los medios de comunicación a tratar el tema(sólo tratar, no opinar, ya que la reforma también les impide favorecer a algún candidato, y por ello serán monitoreados). De esta manera, el espectáculo se presentaría de nuevo en los grandes escenarios: los medios de comunicación.

Así, el rumor podría cerrar el ciclo para tener un mayor impacto. Por supuesto, es necesario tener estrategas muy hábiles en comunicación política para lograr dicho propósito y que, además, se refleje en las votaciones a favor del candidato.

Esta es sólo una visión de lo que podría suceder con las reformas al COFIPE y su posible solución, por supuesto, comunicativamente hablando.

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