lunes, 24 de diciembre de 2007

Crónica | "El camino que lleva a Belem"

“El camino que lleva a Belem”

Por Berenice Resendiz


En el Antiguo Cine Venustiano Carranza la comunidad se da cita y corren despavoridos a tomar un buen lugar entre las tantas butacas, para así poder apreciar en toda su expresión la Pastorela, que es organizada por la delegación.


La tercera llamada casi es anunciada, sin embargo las risas logran calmar la atmósfera tensa que se percibe, quizá por los nervios de ver la presentación de un proyecto lleno de dedicación y sobre todo esfuerzo, donde para cada uno las estrellas principales son sus amigos, hijos o nietos, los cuales vienen a apoyar.


Las luces están por ser apagadas; a algunas criaturas por poco sus madres les desprenden el brazo, al llevarlos velozmente por cada asiento; las miradas se centran entre un paisaje donde el color café de la paja y una solitaria silla de madera envuelven el escenario, y por fin, se da el anhelado banderazo para comenzar.


Un grupo de niños sale al escenario cantando “pero mira como beben los peces en el río”; la preocupación se pinta en sus pequeños rostros; listones amarrados a sus muñecas se mueven al ritmo de su cuerpo, el cual experimenta la adrenalina de la danza, donde no importa ir disparejos, sino expresar su entusiasmo.


María envuelta entre el color azul de su túnica, camina lentamente a lado de su fíel compañero, José, quien apoyado de un bastón se mantiene en pie, con la fe de hallar un lugar seguro para su amada que en pocos días formará un túnel en su vientre para llevar a la luz de la existencia al salvador.


Mientras tanto el colorado diablo, interpretado por un pequeño niño, enciende la chispa de las risas en cada uno de los presentes, con esa manera tan simpática de bailar “la manzanita”, contonea sensualmente su larga cola roja entre las demás diablitas, provocando adherir la vista en cada uno de sus movimientos.


“Lucharán de dos a tres caídas sin límite de tiempo”. De repente la trifulca explota, rudos contra técnicos, bueno es decir, “chamucos” contra peregrinos se miran fijamente para combatir cuerpo a cuerpo, hasta las riñas de López Obrador y Calderón se quedan cortos con avasallante pelea, donde se pone en juego la palabra y el honor de cada uno. Finalmente como típica telenovela salen triunfadores con era de esperarse los buenos.


Sin embargo a lo lejos tres reyes magos, siguen fijamente la estrella de Belem, pero pese a todo llegan sanos y medio lucidos a conocer al niño Dios, cada uno con su respectivo regalo, demostrando que desde antes ser gorrones era mal visto.


Súbitamente pasan los años, Jesucristo madura en un hombre con basta sabiduría y vivencias que la experiencia se ha encargado de proveerlo; agita sus brazos para bailar al sonar de “Blanca navidad”; su larga cabellera ondulada se menea con el girar de su cuello, muy al estilo Marco Antonio Solís el Buquí, donde lo único que faltaba era cantar “tú cárcel”.


Sin duda las pastorelas tienen un sello representativo para México, al combinar la picardía tan característica y el relato bíblico, pues no sólo es la manera como se ve a la navidad, sino también para exaltar las buenas acciones, la amistad, la solidaridad y sobre todo la unión.

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