Por Edgar Adán CastroEN MÁS una vez las declaraciones del ex presidente Vicente Fox y los comunicados emitidos por el Centro Fox refirieron la versión de que todo el escándalo producido en torno a su enriquecimiento lícito era producto de una trama conspiratoria (¿compló?) dirigida por las hábiles manos de algún personaje oscuro.
Así, el martes 26 de septiembre Fox afirmaba, a través de un comunicado de su Centro, que “alguien, no conozco sus razones, me quiere desprestigiar y quiere engañar a las y los mexicanos. Lo quieren hacer con datos falsos e historias fantasiosas”. Y aseguró que tanto la difusión del escándalo a través de los medios como la formación de una Comisión especial en el Congreso para investigarlo, tenían intenciones “políticas”.
A finales de octubre, y a partir de una declaración de Manlio Fabio Beltrones que sugería la relación entre la empresa Oceanografía —ligada a los hermanos Bribiesca-Sahagún— y la entonces reciente tragedia ocurrida en una plataforma de Pemex en la Sonda de Campeche, Fox llegó a identificar a este personaje, coordinador del PRI en la Cámara de Senadores, como el cerebro detrás de la “campaña” lanzada en su contra.
El escándalo Fox ocupó por mes y medio lugares primordiales en los medios de comunicación, sobre todo los impresos y en especial en la revista Proceso y el diario El Universal. Tan sólo en Proceso se pueden contar, desde su edición del 16 de septiembre hasta la del 28 de octubre, siete portadas consecutivas directamente relacionadas con el caso Fox, con Marta Sahagún o sus hijos. Además, fue esta revista la que, en rigor, inició el escándalo, pues el reportaje inicial de la revista Quién, donde se exhibían los lujos del expresidente, por sí sólo no fue el que hizo estallar la bomba.
Por su parte, El Universal destacó por la puntual cobertura que le dio al caso, enriqueciendo el escándalo con las declaraciones de Lino Korrodi, la revelación sobre el origen del jeep rojo y los interrogantes en cuanto a la Hummer que Fox lucía en fotografías, etc. Hasta ameritó una condolida carta de Fox y Marta Sahagún a su entonces director general Juan Francisco Ealy Ortiz —antes entusiasta simpatizante foxista—, por haberse prestado a esa “campaña” de acusaciones.
¿Qué podría haber de cierto en la defensa de Fox? Podemos establecer que una cosa es cierta: todo este escándalo fue, en cierta medida, artificial, construido, pues el enriquecimiento presumiblemente ilícito de Vicente Fox era ya algo conocido, por lo menos desde la publicación, en agosto de 2005, del libro La Familia Presidencial. El Gobierno del Cambio Bajo Sospecha de Corrupción, de Anabel Hernández y Arelí Quintero. Todavía un año después, Hernández publicó un nuevo libro donde abunda sobre el tema: Fin de fiesta en Los Pinos.
Es posible comprobar que tanto en 2005 como en 2006, pese a la publicación de dichos libros y al esfuerzo de algunos medios por difundir las denuncias (de nuevo Proceso), la mayoría de ellos tendieron un cerco informativo sobre ellas. De ese modo, el probable enriquecimiento ilícito de Fox y sus familiares es relegado a un segundo plano si no es que olvidado.
A mediados de septiembre de 2007 ocurre todo lo contrario: el tema, una vez ignorado olímpicamente por el grueso de los medios, salta a las primeras planas. Todo esto en el contexto de la candidatura de Fox a la presidencia de la Internacional Demócrata de Centro y un ambiente de rechazo a medidas económicas del gobierno de Felipe Calderón, como la reforma fiscal y la pospuesta entrada en vigor del aumento gradual a los precios de la gasolina.
Sí, podemos conceder algo de razón a la teoría de la conspiración orquestada contra Fox. Pero en todo caso, también hay que decir, primero, que se basaría en suposiciones totalmente fundadas y justificables en cuanto a la probable ilicitud de su riqueza; y segundo, habría que reconocer que si se puede identificar claramente a alguien como el principal conspirador contra Fox, es Fox mismo.
¿Quién más, si no él, es el responsable principal de su protagonismo mediático? En un giro irónico, ese afán de aparecer bajo los reflectores fue satisfecho, pero en una forma negativa e inesperada. ¿Quién sino Fox, con sus declaraciones contradictorias, provocativas o a todas luces falsas, así como su torpe manejo de la crisis, contribuyó a echarle más leña al fuego del escándalo cada vez que se pudo? Su libro Revolution of hope también es parte de ello.
Hoy, dicho escándalo está, si no olvidado, por lo menos sí atenuado por asuntos que han adquirido más relevancia para la agenda pública y mediática. La Comisión Fox es el único resultado real, tangible, de todo aquel alboroto. ¿Servirá de algo?
Escríbeme a: dancasacos@hotmail.com

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