
Por Victoria Marlene Gama
MUCHOS DE nosotros, seguramente, hemos contemplado fotos y videos de los estudiantes desaparecidos, muertos y detenidos, a manos de soldados y paramilitares armados en la Plaza de las Tres Culturas el 2 de Octubre de 1968. Sin embargo, pocos conocemos en realidad las causas de estos hechos, así como sus efectos, los cuales marcaron a más de una generación.
Para ello habría que recordar que los años sesenta representaron una época de transformaciones políticas, económicas, sociales y culturales profundas a nivel mundial como producto de la Guerra Fría. Para citar algunos ejemplos: los procesos de independencia en África, Asia y América, la paranoia generada alrededor del comunismo; además de la lucha por los derechos civiles de la mujer y los negros. Todo era posible, pero nadie esperaba una masacre.
Parece difícil olvidar, pero después de la amnesia obligada por más de tres décadas, el Memorial del 68 es una exposición museográfica del recién inaugurado Centro Cultural Universitario de Tlatelolco, ahora propiedad de la UNAM —antigua sede de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE)—, que contiene numerosos testimonios de protagonistas así como opiniones de investigadores sobre el movimiento estudiantil.
Para el Memorial del 68 se han recopilado, catalogado y copiado 4 mil 150 imágenes entre fotografías, grabados, manifiestos, volantes y diversas obras gráficas. Lo mismo se ha hecho con 50 horas de material fílmico correspondiente a películas, noticiarios, documentales y programas de televisión, así como 60 horas de registros fonográficos originales de la época, la mayoría procedentes del Archivo General de la Nación.
Todo ello para no olvidar las demandas de justicia y respeto a los derechos humanos que provenían de la voz de los jóvenes de todo el mundo, pero que en México constituyeron el punto de partida para exigir la transformación de un país inmerso en un sistema político corrupto, autoritario y represivo. Simplemente pedían una limpia transición hacia la democracia libre.
El propósito de la exposición es hacer revivir desde la memoria del espectador el recuerdo dolorosamente enterrado de lo que ha sido el genocidio más culposo, pero menos castigado en la historia de los movimientos sociales en México.
La exposición dista mucho de ofrecer una imagen unívoca de lo acontecido, su riqueza radica en ofrecer la pluralidad de los puntos de vista de los protagonistas. No sólo se limita a abordar el día en que se tiñó de rojo el cielo y la historia, sino que señala los frutos que dio el movimiento en distintos ámbitos: películas, poesía y música. Espacios en donde se materializó el despertar de la juventud, así como de algunos sectores de la sociedad hacia una libertad de expresión más democrática sin represión.
No basta con inmortalizar la causa y a sus víctimas observando las caras ensangrentadas y cuerpos sin vida dentro de las imágenes, sino que hay que revivir la historia a través de los ojos de los sobrevivientes. Más que una cronología detallada de los hechos, Memorial del 68, pretende hacer partícipe al espectador de un ejercicio de memoria colectivo e individual que lo ubique en el umbral de su propia realidad.
Memorial de Tlatelolco
La oscuridad engendra la violencia y la violencia pide oscuridad para cuajar el crimen. Por eso el dos de octubre aguardó hasta la noche para que nadie viera la mano que empuñaba el arma, sino sólo su efecto de relámpago.
¿Y a esa luz breve y lívida quién? ¿quién es el que mata?, ¿quienes los que agonizan, los que mueren, los que huyen sin zapatos, los que van a caer al pozo de una cárcel, los que se pudren en el hospital, los que se quedan mudos para siempre de espanto?
Al día siguiente nadie. La plaza amaneció barrida, los periódicos dieron como noticia principal el estado del tiempo.
En la televisión, en la radio, en el cine no hubo ningún cambio de programa ningún anuncio intercalado ni un minuto del silencio en el banquete, pues prosiguió el banquete.
No busques lo que no hay: huellas, cadáveres; que todo se le ha dado como ofrenda a una diosa: a la devoradora de excrementos.
No hurgues en los archivos pues nada consta en actas.
Más he aquí que tocó una llaga: es mi memoria. Duele . Luego, es verdad. Sangre con sangre, si la llamo mía traicionó a todos.
Recuerdo, recordemos.
Esta es nuestra manera de ayudar a que amanezca sobre tantas conciencias mancilladas, sobre un texto iracundo, sobre una reja abierta, sobre el rostro aparado tras la máscara.
Recuerdo, recordemos.
Hasta que las justicia se siente entre nosotros.
Rosario Castellanos, 1968.

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