martes, 5 de febrero de 2008

Crónica - La megamarcha campesina

Del otro lado/ Espejo ¿cuántos mexicanos se reflejan en él?

Foto: Jessica Méndez


Por Jessica Méndez

SI NO tiene a qué salir, mejor no lo haga, por la tarde tendremos una megamarcha en la ciudad de México. Tome sus precauciones. El tránsito vehicular estará atorado desde Paseo de la Reforma hasta el Zócalo a partir de las cuatro de la tarde... Gracias por tu reporte, seguimos muy pendientes.

Apagué la radio. Mejor apúrate, pues tu jefe Andrés se disgustará contigo porque siempre llegas tarde. Uno que es pobre debe trabajar. Así es la vida. Hace cinco años Liliana halló un empleo que prometía dejarle miles de ganancias; trabajar en una joyería. Pero no, hoy por hoy la rutina es un hastío y las “ganancias” sirvieron para pagar sus deudas.

- Lo siento mucho, se disculpó Liliana.
- ¡Pero es que siempre llegas tarde!, replicó Andrés. Un día de estos serás parte de esos desmeple... perdón, pertenecerás a los 500 mil nuevos empleados de este gobierno.
- ¡Ay no, Andrés! El tráfico de hoy está imposible. En serio.
- Basta, mejor vete a repartir estos catálogos; todos si quieres conservar tu empleo.

De regreso a este local sobre Francisco I. Madero. El día no se termina hoy para mí. Qué fastidio, se quejó Liliana. Hay que atender a los clientes, limpiar el mostrador, pensar en qué comeré... Tomo unos segundos para suspirar, unos minutos más para sentarme y le robo un instante al tiempo para atender a la primera cliente de hoy.

Mi hermana adora los aretes. Señorita, por favor sugiérame algunos modelos con pedrería verde, porque ha de saber usted que...

¡Miren, esta es la tecnología mexicana!, ¡Diputados, pónganse a trabajar por el campo! , exclamaron algunos agricultores que pasaban por la calle sobre grandes tractores.

- ¡Ashhh!, manifestó la cliente ¿y ahora qué quieren, por qué protestan?
- Es por lo de los impuestos, le informó Liliana. Lo del gasolinazo, los alimentos más caros, el IVA, ya sabe, todo eso.
- ¿Y por qué los tractores?
- Nomás para llamar la atención

La señora de los aretes decidió que mejor regresaba otro día. Andrés ya está de mal humor porque de seguro vamos a cerrar temprano. ¡Sí ya voy por la cortina!, escuché decir a Ana.

- ¿Quién se robó algo? ¡Pero si no vinimos a robar nada! Nos gritaron los manifestantes al ver que cerramos el negocio.
- ¿Pero que tal si sí entran y se roban algo? Pensó Liliana. Pues ya que salí voy a comer una tlayuda. Ya se me hizo agua a la boca: con nopales, frijol y queso.

Y buscó la comida entre la gente, porque los puesteros caminan entre ella. He trabajado tanto hoy. Miro a la gente con su rostro cansado, sentados en el piso, agotados por el calor. Yo sólo busco comida. Pero ellos reciben tortas, una señora las reparte como tarjetas de Navidad, también reciben botellas de agua. Sus caras muestran un poco de felicidad. No tengo un espejo, pero la mía seguro muestra hambre.

Recorro la plancha del Zócalo. Unas mantas muestran “Sin maíz no hay país”, “La patria no se vende”, “Muerte del campo mexicano”. Creo que protestan por algo distinto, ¿pero qué importa? El país sigue igual y con sus marchas nada van a cambiar.

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