Astrid Fonseca
EL LUNES 28 de enero se reunieron a puerta cerrada, en San Lázaro, el secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño, y la presidenta de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados, la perredista Ruth Zavaleta, perteneciente a la corriente de la Nueva Izquierda (“Los Chuchos”). Ante este hecho, Andrés Manuel López Obrador, luego de fallar en su intento por debatir con Santiago Creel y con el mismo Mouriño sobre la reforma energética, declaró a la prensa que “sería muy bueno que Mouriño, ahora que anda visitando de afanosito, agarrándole la pierna a todo el que se deja, políticamente hablando, que de una vez acepte debatir”, expresión duramente reprochada por los panistas, a la cual calificaron de misoginia.
El problema de fondo: la Reforma Energética, que propone la privatización de la industria petrolera, desatando declaraciones a fuego cruzado alentadas por los panistas afanados en calumniar al dirigente del Frente Amplio Progresista. Sin embargo, es claro que no sólo los del blanquiazul están interesados en denigrar la imagen de Obrador, también se encargan de ello algunos miembros del PRD, en concreto, miembros de la llamada corriente Nueva Izquierda, presidida por Jesús Ortega, quien ha acusado a López Obrador de buscar protagonismo y una imagen de legitimidad, honradez y transparencia que está muy lejos de tener.
Ruth Zavaleta, por su parte, ha mostrado y evidenciado su postura de apego frente al gobierno calderonista. El primer indicio: cede de la silla del presidente de la mesa directiva a Manlio Flabio Beltrones, acción que permitió la toma de protesta de Felipe Calderón como presidente de la República. Un segundo indicio: la reunión que sostuvo con Mouriño en la cual, según Zavaleta, no se trató el tema de la reforma energética, pero más tarde la contradijo Mouriño y, finalmente, una última prueba de su complicidad es le calificativo que le asestó a Obrador: “busca pleitos de taberna”.
Por ello, las más recientes declaraciones de López Obrador dirigidas a quien fuere se adjudicaron a quien mejor le quedaron. Ruth Zavaleta se ha prestado al juego político de Calderón para poner en marcha las reformas que su gobierno necesita. En tanto, el apoyo y muestras de solidaridad al Ruth no le han faltado, su buen amigo Chucho, y las legisladoras panistas darán a conocer su postura de solidaridad en contra de cualquier referencia que afecte la integridad del género femenino.
La relación entre la Nueva Izquierda y el equipo de Felipe Calderón contraviene a la lucha sostenida por el Frente Amplio Progresista y la Resistencia Civil Pacifica, por defender el patrimonio nacional y la industria petrolera. El debate sobre la Reforma Energética, quedará bajo las sombras del anhelo del “presidente legítimo” y la ignominia en la que han caído miembros del PRD resalta su poligamia política.

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