martes, 5 de febrero de 2008

El cuestionamiento del TLCAN

El cuestionamiento del TLCAN

Foto: Jessica Méndez

Manuel Cardoso

CON LA apertura total del maíz y el fríjol a partir del 1 de enero de 2008, vuelve a los medios de comunicación la polémica sobre las ventajas y desventajas del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA por sus siglas en inglés). Mucho se ha escrito sobre el crecimiento del sector agrícola mexicano, pero también se han analizado los diversos problemas del mismo, sobre todo si se hace caso a las protestas encabezadas por los campesinos desde el inicio del año.

La importancia de la problemática actual reside en varios actores. Hasta finales de los años sesenta, México era autosuficiente en el abasto nacional. Se contaban con algunos programas en beneficio de la agricultura e incluso se llegó a la repartición de tierras durante la presidencia de Lázaro Cárdenas. Sin embargo, todo cambió en el sexenio de Miguel de la Madrid (1982-1988) cuando se decidió impulsar la privatización del agro para lograr una mejora en la productividad; al tiempo que se fueron retirando subsidios.

Ya para 1992, año en que los presidentes Carlos Salinas de Gortari (México), George Bush padre (Estados Unidos) y el primer ministro canadiense Brian Mulroney firmaron el Tratado, el sector agrícola mexicano se encontraba muy afectado por el abandono y la falta de productividad. Después de varias discusiones en los tres países, el Congreso mexicano lo ratificó en 1993 para entrar en vigor a partir del 1 de enero de 1994.

Desde el principio surgieron voces disidentes. En Estados Unidos, por ejemplo, muchos temieron perder sus trabajos debido al traslado de algunas fábricas a territorio mexicano, pues la mano de obra era mucho más barata. En México, el principal temor fue la posibilidad de perder soberanía económica y, por lo tanto, aumentar la dependencia hacia nuestro vecino del norte.

Los principales objetivos del TLCAN eran: eliminar obstáculos al comercio y facilitar la circulación de bienes y servicios entre las partes, aumentar las oportunidades de inversión en los territorios de los tres países firmantes, beneficiaría a los consumidores, pues podrían conseguir productos mucho más baratos, entre otras cosas. Además se reconocía la “asimetría existente en las economías de los tres países”. A pesar de todo, se firmó.

Los resultados

Tanto los sectores a favor como los grupos en contra han presentado resultados, cifras y estadísticas fundamentando sus posturas. A 14 años de su entrada en vigor, las cosas no resultan muy favorables para el sector agrícola mexicano, muy a pesar de quienes creen que sí, aunque no necesariamente es culpa del TLCAN.

Según los datos, gracias al TLCAN, México había triplicado sus exportaciones al pasar de 52 mil millones de dólares en 1993 a 161 mil millones de dólares en 2002 logrando un superávit. Sin embargo, según José Luís Calva, investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, ese superávit no se debe al tratado, sino a la industria maquiladora (cuyo crecimiento no depende de la liberalización enmarcada en el TLC) y a las exportaciones de “petróleo crudo, cuyas compras por EU tampoco dependen del TLCAN.”

Según Roberto Salinas León, Director General de Política Económica de TV Azteca; en un documento titulado El impacto del TLCAN en el campo mexicano, para el año 2003 se habían creado tres millones de empleos con “sueldos significativamente mayores al promedio nacional”, logrando que los hijos de campesinos tuvieran fuentes de empleo, dejando de emigrar a los Estados Unidos. Desgraciadamente esto sólo pasa en algunos puntos del país. Todavía hay altísimos niveles de migración, sobre todo en estados como Guerrero, Oaxaca y Veracruz, entidades que más expulsan habitantes rurales debido a la vida tan precaria.

Existen algunos sectores de población donde la población sobrevive con las remesas y las labores no propias del campo. Las familias deciden dejar esa actividad y laboran fuera de su localidad, principalmente como albañiles, en el caso de los hombres, y en el de las mujeres, en tareas domésticas.

El mismo documento de Salinas León menciona el crecimiento de la inversión extranjera directa, lo cual es cierto. También dice algo sobre una baja de precios de los alimentos para mantenerlos más accesibles en el mercado, favoreciendo a los consumidores. En este caso, cabe recordar el reciente aumento de la tortilla (no sólo provocado por el TLCAN, sino por otros factores). Según una evaluación de la Organización de la Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO por sus siglas en inglés), los precios de los productos básicos agrícolas subieron bruscamente.

Las exportaciones del sector pasaron de 4 mil millones de dólares en 1993 a 12 mil millones de dólares en 2006, pero el aumento se dio con algunos productos como: tomate, cebolla, pepino, chile, aguacate, entre otros.

Por último

Las protestas por parte de los campesinos y de la Iglesia tal vez no tendrán efecto, pues la renegociación del tratado depende de las tres partes. Sin embargo se deben tomar medidas al respecto para tratar de competir con estos dos socios comerciales.

Para José Romero y Alicia Puyana —investigador de El Colegio de México (COLMEX) e investigadora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), respectivamente— en un estudio titulado Evaluación integral de los impactos e instrumentación del capítulo agropecuario del TLCAN del 2004, no sólo basta con “abrir los mercados a la competencia externa para hacer más competitivos a los productores nacionales. Es indispensable contar con una infraestructura suficiente que integre los mercados y haga más rentables las inversiones”.

Además, aseguran, se deben coordinar todos los programas de apoyo al campo, tratar de plantear una focalización de los subsidios según la tipología de los productores, proveer de bienes y servicios para mejorar la productividad, pero sobre todo, impulsar el desarrollo del sector agropecuario.

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