viernes, 22 de febrero de 2008

OPINIÓN "Elección para la dirigencia del PRD".

Que el sol alumbre…

Por Daniel Sánchez Díaz.

EL PARTIDO DE LA REVOLUCIÓN Democrática (PRD) está sumergido en la contienda para elegir a su nuevo presidente nacional, para sustituir a Leonel Cota Montaño. La elección se llevará a cabo el próximo mes de marzo. Tras algunos problemas con el ex – gobernador de Zacatecas, Ricardo Monreal, en la carrera se encuentran seis candidatos.

El pasado miércoles se reunieron a debatir todos los aspirantes. El encuentro se realizó en el Museo de la Ciudad de México. Los puntos en los que coincidieron todos los candidatos fue que ningún gobierno perredista, con excepción del de Marcelo Ebrard, sigue la ideología y el programa del partido. Denunciaron la desviación de los recursos de los programas sociales. Y estuvieron de acuerdo en que Pemex necesita una reforma para arreglar sus finanzas y regular al sindicato.

Alfonso Ramírez Cuéllar, uno de los candidatos, llamó la atención sobre el hecho de que los puestos de elección popular son “vendidos” y denunció que las corrientes les roban hasta el 15% de su sueldo a quienes llegan a ganar. Camilo Valenzuela, otro contendiente, aseveró que el cambio en el PRD no puede llegar de fuera, tiene que ser producto del trabajo interno.

Miguel León López, uno de los aspirantes, calificó al partido de burgués y burocrático y criticó que: “¿cómo podemos considerarnos un partido de los pobres cuando ahora los dirigentes viajan en camionetas de lujo y con ropa de moda”. La única mujer en la competencia, Dina Navarro tomó como eje la intención del gobierno federal a abrir a la inversión privada Petróleos Mexicanos (Pemex).

Sin embargo, la contienda se concentra en los dos principales candidatos: Jesús Ortega y Alejandro Encinas. Éste afirmó que más que partido son “una federación de corrientes y de grupos de interés con estructura paralela a los órganos de dirección con dirección, estatutos, fuentes de financiamiento y relaciones políticas propias”. Todo esto guiado por un esquema de premios a los afiliados. Propuso acción penal para acabar con su impunidad.

En contraste, Jesús Ortega precisó que sí existe un partido y que aunque es necesario corregir algunos detalles es necesario reconocer los méritos del PRD y su fortaleza. Pidió dar los nombres de aquellos que venden los puestos de elección popular para tomar acción legal contra ellos.

Alejandro Encinas y Jesús Ortega sí tienen visiones diferentes acerca de cómo debe ser conducido el partido. Sin embargo, más allá de sus posturas, necesitan pensar en el futuro de su asociación y en el de la Izquierda mexicana. De entrada necesitan realizar acuerdos sobre lo que pasará gane quien gane.

No es posible que el PRD siga perdido en un juego difícil de sostener, en el que las diferentes perspectivas no encuentran puntos de convergencia. Se necesita una Izquierda más abierta, que acepte la (auto)crítica, pero que no tema exponer sus visiones; que se acepte como plural al interior, pero capaz de caminar unida; que dé cabida a distintas visiones, pero que sea muy clara en que es lo que propone.

Cierta razón tenía Arnaldo Córdova al escribir en La Jornada que no se puede esperar una Izquierda perfecta, que hay que aceptar a esa que es: “nada inteligente, inculta y sin preparación, indecente, de malas maneras, injusta, antidemocrática e incoherente”. Pero ello no es sinónimo de que no se pueda esperar, luchar y, por qué no, exigir una Izquierda que mejore todos esos calificativos.

Es momento de que la Izquierda mexicana y, su representación más fuerte, el PRD demuestren que pueden ponerse de acuerdo y trabajar por un proyecto, por su país. Tienen que mostrarse indignados por la manera en que se comportó Vicente Fox como presidente, el desempeño imparcial del Instituto Federal Electoral (IFE) o por como algunos empresarios atacaron a su candidato a la presidencia.

Pero también tienen que superar esos traumas, tiene que entender la capacidad que tienen y la responsabilidad que les es asignada por su momento histórico. Al PRD le costó quince años lograr lo que al Partido Acción Nacional (PAN) más de treinta. Los blanquiazules apenas en los últimos veinte años han tenido auge. El PRD lo tuvo desde el inicio. El PAN logró una gubernatura hasta después de diez años (por supuesto, lo tuvieron más difícil). Al PRD le bastó la primera votación en el DF para ganar la Jefatura de Gobierno.

Alejandro Encinas (primero que nada tiene que reconocer que está en un partido, ¿sino por qué compite por la dirigencia de uno?) tiene que asegurar que, en caso de ganar, no conducirá a la organización como una filial del Gobierno Legítimo. Tiene que comprometerse a manejar al PRD como lo que es: un partido político. Por ende, una asociación que tiene la responsabilidad de promover un programa político, negociar reformas, competir por puestos y trabajar con todas las demás instituciones, coincida o no con ellas.

Jesús Ortega (tiene que aceptar que su partido tiene diferencias al interior, no sólo pedir ver la fortaleza, él fue de los primeros en llamar a la “autocrítica”, que sea coherente) tiene que comprometerse a que aceptara que el PRD tiene diferentes ámbitos de acción, que se necesita entrar a la arenga sin reservas, pero no sin críticas.

Los demás actores tienen que obligarse a respetar las reglas del juego democrático. Primero, Andrés Manuel López Obrador tiene que abstenerse de emitir juicios o mandar cartas para apoyar a Encinas, porque todos saben que así es, pero, además, porque si no pecará de lo mismo que Vicente Fox: intervenir en una contienda. Leonel Cota a poner orden en su partido, no es limitar la libertad, es encauzar los bríos por los cauces del partido.

Por el bien del PRD, tienen que hacer sus trabajos bien… México necesita que ese sol alumbre.

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